Un Best-Seller no puede hacer esto.

Buenos días!

Os dejo una reflexión sobre clichés y súper ventas. Pero antes, os pongo en situación.

Prólogo:

Ayer fui a El Corte Inglés buscando “El hombre que no soy” de Salvador Navarro, el autor al que dediqué la última reseña del blog, y para sorpresa mía, me encontré con una sección totalmente empapelada de la última publicación de Dan Brown, “Origen” Actos que me cabrean mucho porque posicionan al resto de obras en un escalón inferior. (Lo mismo pasa cuando publica E. L. James y similares… y me da el mismo coraje, no tengo nada en contra de ninguno especial ni es nada personal hacia ellos)

El caso es que la casa del libro y demás sitios de venta de libros estaban igual, dedicando la gran publicidad a Origen y solo algunos letreros pequeños en la sección de novedades al resto de autores. Oye, que imagino que su pasta le habrá costado, no digo que no, pero de igual manera no lo veo justo, sobre todo cuando luego la gente se pregunta: Este hombre es un súper ventas, ¿cómo lo hará? Ya os lo digo yo, a golpe de talonario para que le hagan publicidad.

Total, que me compré mi ejemplar de Salvador Navarro, y fui a comer a casa de mis padres (costumbres de fines de semana) y descubrí en la estantería de mi madre El código Da Vinci de Dan Brown. Cuando ya terminamos de comer, los postres se sirvieron y solo quedaba una tertulia de a tres (Mi madre, mi novia y yo) Decidí dejarlas a lo suyo y me puse a leer las primeras páginas de este best seller que había encontrado ¿Y con qué me encuentro?

Y aquí viene el motivo de este post (Aquí termina el prólogo y empieza la acción)

1- Omisión injustificada

Me encuentro con una primera escena en lo que supongo que es un museo, entre un hombre que intenta robar un cuadro y un supuesto vigilante (intuyo) total, que allí nos sitúa Dan, presenciando la escena, y justo cuando viene lo más importante, el momento en el que el protagonista le va a confesar el secreto entorno al que va a girar la historia, el narrador (en tercera persona) cambia el diálogo por un: Y le dijo todo lo que sabía. ¡Y se queda tan pancho!
A ver, si durante las dos páginas anteriores nos lo has narrado todo con detalle, conversaciones, suelo, paredes, vestuario y hasta olores… ¡en la parte más importante no te calles! Obviamente, pensaréis, el autor está buscando dejarnos con la intriga, ya lo sé. Pero esa manera de dejarnos con la intriga es muy poco elegante. Si sabes que tu personaje no puede decir nada por el momento, no lo pongas en ese compromiso, porque como lectores testigos de lo que está pasando, es muy irreal (e injusto) que el narrador no nos detalle esa conversación tan importante.
¿Qué haría yo? Si sabes que vas a poner a tu personaje entre la espada y la pared y vas a comprometer la trama ¡Corta la escena antes!
Como lectores nos vale igual que el vigilante lo pille cogiendo el cuadro y le suelte un: Dime todo lo que sabes, sé que eres el único que conoce la verdad (¡O algo así!) Y que termine la escena con un cruce de miradas o el disparo sordo de una pistola (Que es como él la termina) pero macho, no me mutees el diálogo por primera vez en toda la narración justo cuando vas a desvelar el secreto. Me parece de primero de parvulario hacer eso.

Pero sigo, le doy una oportunidad hasta las tres o cuatro siguientes páginas.

2- Las buenas novelas no dicen, hacen.

Lo segundo que me encuentro es que el protagonista es una eminencia en simbología ¿y cómo tiene a bien el SR. Brown hacérnoslo saber? Os lo digo: narrándolo sin más.
Dan, que eres un best seller, no me digas cómo es tu personaje, DEMUÉSTRAMELO. En lugar de pasarte un párrafo entero diciéndome que es una eminencia porque bla,bla,bla… haz que, por ejemplo: cuando el personaje desayune en el restaurante del hotel donde se encuentra, alguien lo reconozca y le de las gracias por su sabiduría. Haz que lo llame un conocido y le diga el escándalo que ha liado con su última conferencia. Haz que lea las noticias y aparezca, o un correo… o yo qué sé, pero en serio, no quiero que me digas lo fabuloso que es, quiero que me lo demuestres. Tienes casi quinientas páginas para hacerlo.

3- Espejito, espejito mágico

Y por último, solté el libro cuando, de nuevo, la mejor manera que encuentra este top ten de autores más vendidos del mundo para describirme al protagonista es… ¡tatatachán!… ¡Mirándose en un espejo! Olé tú, Dan…, no puedes describirme a tu personaje de una manera más cliché y rancia que colocándolo delante de un espejo y describiéndomelo como si el propio personaje fuera la primera vez en su vida que se mira en uno.
Eso es de primero de narrativa. Cuando alguien se mira en un espejo no se está redescubriendo así mismo, no, por el contrario, cuando nos miramos en el espejo nos vemos lo que destaca: las ojeras, los granos, pelos donde no debería haberlos, una camisa que no nos queda bien (o sí), un mechón de pelo rebelde… pero no vemos: Unos vivos ojos azules llenos de experiencias que encajan perfectamente con una profunda melena oscura despuntada por canas peinadas hacia atrás que bla,bla, bla (esta descripción no es de Dan, me la acabo de inventar)

Y así fue como solté El Código Da Vinci para ponerme a otra cosa. Y me surgió la duda… ¿en estas cosas solo me fijo yo? ¿El gran público que lee a Dan y a otros cientos de autores no se cansa de que siempre usen las mismas fórmulas? Por favor, escritores que haya por la sala, innovad, probad, pasadlo bien escribiendo, dejad clichés, jugad con las descripciones, con el tiempo, con las acciones… no repitáis más, que no somos loros, sacad vuestro potencial. Igual, eso que tenéis en mente y que nadie ha hecho es lo que os va a permitir ser distintos.

Buen domingo!

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