No lo entiendo

Yo quisiera saber qué nos ha pasado para que la palabra estabilidad nos de repelús. Qué nos han hecho las bodas para que les tengamos miedo. Por qué está mal visto decir te quiero. Qué tiene de malo emparanollarse con alguien ¿Qué nos está pasando? Ya no es que pongamos barreras, es que contruímos muros de hormigón armado infranqueables y ni martillos, ni excavadoras ni nada. Estamos tan convencidos de que nos van a hacer daño que ni tan si quiera nos atrevemos a asomarnos al portón de nuestra fortaleza, hacemos como los que no estamos en casa, como cuando vienen los mormones o el tío de la luz. Dejamos que pasen por delante, que se detengan en la fachada, que jueguen con los geranios que una vez colgamos y poco más. A algunos, dependiendo de no sé qué, los dejamos pasar al jardín o incluso al hall, fíjate lo que te digo, al hall. Pero de las habitaciones ni hablamos ¿y sabéis qué? Algunas hasta huelen a nuevo.

Es como si te regalasen tu muñeco favorito, no sé, la Barbie rockera con guitarra eléctrica (pilas no incluídas) por tu cumpleaños y la dejaras allí en la estantería de tu cuarto, con su embalaje y su todo por miedo jugar y romperla. ¿Habríais hecho eso de pequeños? ¡Claro que no! Porque eran otros tiempos, porque jugábamos, porque inventábamos mil historias y el mejor muñeco no era el que olía a nuevo, no, el mejor muñeco era ése que tenía rasguños, el que estaba gastado ya por tus manos ¿Sabes por qué? porque cada cicatriz suya te recordaba a una aventura. A cuando se te cayó en el patio, a cuando lo encontraste en la cama del perro o a cuando tu hermano lo usó como diana para su nueva pistola de bolitas. Cada herida suya te dolía como tuya. Y éso, éso era lo fantástico de tu juguete, lo que lo hacía único y diferente del resto de juguetes.

Porque tiene que ser muy triste llegar a viejo y seguir teniendo aquella Barbie embalada en la estantería y darte cuenta de que, de tanto que lo guardaste, se te pasó la edad para jugar.

Feliz noche de lunes, lectoreadictos.

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