QC: Capítulo 6

 

 

CAPÍTULO 6

Busco la cartera en el bolsillo trasero de mi pantalón vaquero y guardo en ella la fotografía. Mientras termino de limpiar el resto de la taquilla puedo ver las piernas de dos chicas detenidas tras la puerta de la misma. Una viste unos shorts con unas piernas kilométricas y unas Vans negras, la otra, un poco más baja, calza unas Converse rosas y unos vaqueros ajustados. Una de ellas carraspea en voz alta para que yo, por si no lo había hecho, me diera cuenta de que están allí. Antes de cerrar mi taquilla intento adivinar qué dos chicas pueden ser, pero ninguna de las dos siluetas que se dibujan bajo la puerta de la taquilla consiguen recordarme a ninguna chica que yo conozca. Entonces cierro la puerta y sorprendo a las dos chicas en una de esas discusiones silenciosas que a veces tienen las mujeres en un idioma de gestos que los hombres desconocemos. Cuando reparan en que las estoy mirando se apresuran a firmar un repentino tratado de paz y me miran en silencio. En medio de aquel silencio, la pelirroja, que era la más alta, empuja hacia a mí a la rubia. Esta me sonríe y yo me quedo mirándolas a las dos intentando entender por qué me asaltan en el pasillo dos chicas que no conozco. Aunque espera, la rubia… ¿Dónde he visto yo antes a la rubia?

— Que por qué dejaste a mi amiga tirada ayer en la barra del bar –se precipita a decir la pelirroja, así, sin anestesia.

¡Ostras, la rubia de la discoteca!, ¡Y la pelirroja de Mike!, ¿Pero qué hacen aquí?

— Eso –conviene la rubia, de nombre Anna, que esta vez lleva colgada en su espalda una guitarra en su funda.

— Hola –acierto a decir sin demasiado éxito.

Y digo sin demasiado éxito porque las dos chicas se quedan cruzadas de brazos esperando una explicación por mi parte. Una explicación que no llega porque ¿Qué les digo?, ¿Qué discutí con mi novia y acabé estampando el móvil contra el suelo? Tengo que buscarme una excusa.

— ¿Eh? –insiste la pelirroja sin darme tiempo para pensar.

— No sé… —me encojo de hombros—, yo n…

— ¿Cómo que no sabes?

No sé qué decir, desde luego aquello no me lo espero.

— Porque a ti te dará igual, pero la que lleva aguantándola desde ayer soy yo, eh, que lleva toda la mañana poniéndome la cabeza así, que si español para arriba, español para abaj…

— ¡Rachel! –La interrumpe—, ¡Que eso a él no le interesa! –acaba la frase entre dientes.

— Claro que le interesa –ríe orgullosa para sí misma—, a ver, venga dime, ¿por qué te fuiste, eh?, ¿Qué pasa, no te gusta?

— ¿Qué? — ¡Pero esto es lo más surrealista que me ha pasado en la vida!

— Mi amiga –repite de mala gana—, que si te gusta mi amiga.

— Hombre, es guapa –admito.

— O sea, que sí –hace una pausa para mirar a su amiga con una media sonrisa—, ¿y sueles dejar plantada a las chicas que te gustan?, ¿Así es como tú ligas?, ¿Así se liga en tu país?

— ¡Pero que yo no la he dejado plantada!

— Ah, qué tu no la dejaste plantada –se gira hacia su amiga—, ¿fue él, Anna?

— Claro que fue él –asiente convencida.

— ¿Entonces mi amiga está mintiendo?

— No –digo casi sin poder seguir el ritmo de la conversación.

— O sea, que sí, que fuiste tú.

— Rachel, para ya anda –apunta Anna.

—  A ver, que yo solo me fu…

— ¿Te parece de un caballero –no me deja terminar la frase— dejar a una señorita plantada en la barra de un bar?

— Rachel… —vuelve a insistir Anna.

— Oye, pero que yo no… — ¿pero esta de qué va?—, que tú también la dejaste tirada por mi amigo.

— Ah, que yo también la dejé tirada –enarca una ceja—, ¿Ahora insinúas que soy mala amiga?

— No, yo no ins…

— Acabas de hacerlo –me interrumpe.

— Bueno pues sí, eres una mala amiga.

La pelirroja, atónita, se vuelve a cruzar de brazos.

— ¿Pero se puede tener más cara? –dice.

— Rachel, que te enciendes… —dice Anna llevándose dos dedos al entrecejo—, tú no le sigas más el rollo –me dice a mí.

— No, es que yo lo flipo –la pelirroja vuelve a cargar—, o sea, primero dejas en la barra del bar a mi amiga, sola, sin despedirte, como quien se olvida yo qué sé, la chaqueta.

— Rachel, respira… —volvió a insistir Anna.

— Y luego –continúa ignorando a su amiga—, no contento con eso, vienes a mí y me dices, a mí, que soy mala amiga ¿tú le encuentras sentido a lo que dice, Anna?

— Yo no le encuentro sentido a nada ¿Podéis…

— ¿Pero de qué hablas? –Esta vez interrumpo yo a la pobre Anna— pero que yo no he ido a buscarte, si yo estaba tan tranquilo y has llegad…

— ¡No –me interrumpe—, si encima seré yo la culpable de que pases de mi amiga!

— ¿¡Pero queréis dejarlo ya!? –grita Anna dejando el pasillo en silencio.

Todos nos miran. Nosotros la miramos a ella. Vaya con el genio de la rubia.

— Tú, Rachel, te veo luego en la ceremonia –la despide.

— Pero…

— ¡Adiós! –no la deja terminar y a empujones la saca de allí.

— Tú, a la cafetería conmigo –me ordena.

— ¿A la cafetería?

— Sí, a la cafetería –me repite la orden.

Me agarra del brazo y aturdido me dejo poner en marcha a tirones. En un último intento de querer entender lo surrealista de la discusión que acababa de tener con aquella pelirroja de la que no conocía ni el nombre, ah sí, Rachel, me giro para buscarla con la mirada. Ella, que esperaba que yo lo hiciera, me hace un gesto amenazador y me advierte que tenga cuidado con su amiga. Anna hace lo mismo que yo y cuando se gira, su amiga se precipita a cambiar aquel gesto amenazante por una amplia sonrisa y nos despide felizmente con la mano. Anna y yo nos miramos. Ella se aguanta una carcajada y sigue caminando tirando de mí. Yo no sé qué cara poner ni qué decir.

 

 

 

 

 

 

 Capítulo 7: Lunes 30 de Julio.

 


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