#secuelaQuedateConmigo

¡Muchísimas gracias, chicas!

Como sabéis, ayer terminamos la novela tras #Ladecisiónfinal de John y la verdad es que lo único que puedo hacer
es agradeceros la acogida que ha tenido, no sólo este último capítulo, sino toda la novela durante todo este verano que hemos pasado juntos.

Tras este último capítulo algunas me pedistéis por Twitter que la continuara e incluso Mónica (@lectora333) creó el hashtag:
#secuelaQuedateConmigo para pedirlo “a lo grande” Y no fue mal, para sorpresa de todos, casi consigue ser TT =D

Entonces os digo… ACEPTO EL RETO.

Para todas las que queráis una segunda parte;

SI #secuelaQuedateConmigo

consigue ser TT,

os pometo que habrá

Segunda parte de Quédate Conmigo

^^ De verdad de la buena.

 

Para ello, os cito a todas las que queráis una continuación el Lunes 8 de Septiembre de 19h a 19,30h Española
(Buenos aires: 13,30) (México: 12,30) en Twitter Para que juntos hagamos #secuelaQuedateConmigo TT

¿Qué decís? ¿Lo conseguiremos? ^^

¡Os veo el Lunes, no faltéis a nuestra cita
más importante!

 

TT

 

Un cosmopolitan fresquito y Quédate Conmigo

Espero que las que ya hayáis terminado la selectividad estéis descansando a gustito en vuestras camitas con el aire acondicionado puesto o en la piscina o en alguna terraza o donde sea con los pies en alto y un tío de estos buenorros sin camiseta preparándoos un cosmopolitan fresquito, fresquito mientras leéis el último capítulo de Quédate conmigo.

¡Que ya no tenéis excusa!

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Eres tú

Fiel escudo en la batalla

Muro contra la metralla

De la rutina

La soledad y el desamparo

El abandono

Y los embistes del rechazo.

Cuando quiero desaparecer

A ti me abrazo

y me hago invisible

Da igual si llueve o hace sol

En la calle o en un frío salón

Tú nunca me abandonas.

Y si estoy a oscuras

Tu luz me ilumina

Y en mis horas bajas

Tú me animas

Me regalas tu energía

Cuando la espera se hace eterna

Y el que tiene que llegar

… no llega.

Ahí estás tú, si me pierdo

Tú me guías

Si me caigo, tú conmigo

En el cielo o en el infierno

Tú siempre en mi bolsillo.

 

De apariencia simple

Inofensivo e inocente

Pero su poder es mágico

Complejo como los versos

De aquel poeta romántico

 

Eres mi ventana al mundo,

Apartas las cortinas y me muestras

Dejas mi huella

Mi voz, mi yo.

Celestina en el amor

Y amante en la relación.

Eres bien a veces

Y a veces lo peor.

 

Me haces reír

Me haces llorar

Eres como un yin-yang

De emociones que vienen

y se van.

Guerra por las mañanas

Y nana de madrugada

Eres tú, Samsung,

Eres tú, mi vida entera.

Y eres tú, mi carcelera.

 

Juan Manuel Carmona


Hoy mientras escuchaba a Nach en el metro se me ocurrió esta pequeña parodia de uno de sus temas. Es la primera vez que hago algo así y la verdad es que me lo he pasado pipa haciéndolo. Veremos a ver si no me acabo enganchando al rap (ironía modo on, más quisiera yo tenerla habilidad que tienen los raperos para escribir)

Os dejo el tema en instrumental para que la leáis tal y como yo la tengo en mente.

Un saludo y espero que al final os saque una sonrisa =)

She wolf

She Wolf

Con la luz azulada de una linterna iluminó sus pasos a través de su dormitorio y abrió con sigilo la puerta de su armario. Se colocó la linterna entre los dientes y sacó su mochila escondida de entre la ropa. Pese a que no era la primera vez que intentaba escaparse de aquel internado su corazón le latía fuerte, tan fuerte que pensó absurdamente que sus latidos acabarían por delatarla.
Soltó la mochila en el suelo y de debajo de la cama sacó las provisiones que había conseguido robar de la cocina para el viaje.
Cerró la cremallera con decisión y tomó aire. Miró por última vez su cuarto y sin querer entretenerse más se dirigió a la ventana. Al abrirla el aire frío le golpeó en la cara. De repente, sin esperarlo, la luz del cuarto se encendió y asustada se precipitó a cerrar la ventana. No había oído entrar a Daniela, su amiga.
— La luz, apaga la luz —dijo Ruth en voz baja volviéndose hacia ella.
Daniela apagó la luz rápidamente y cerró la puerta de la habitación con cuidado.
— ¿Pero qué haces? —Preguntó tomándola por las manos— ¿Te has vuelto loca?
— No grites —susurró.
— ¿Vas a escaparte otra vez?
Ruth rio confiada.
— Si te pillan otra vez te mandarán a un internado mucho peor.
— Tranquila —dijo— esta vez no me van a pillar.
— Pero… —Daniela pudo ver en la mirada de Ruth que esta vez iba en serio, esta vez no se iba a dejar pillar y algo le decía que sería la última vez que la vería— ¿Y si me voy contigo? —se atrevió a decir.
Ruth volvió a sonreír divertida.
— Me encantaría… —dijo apartándole un mechón de pelo de la cara— pero prefiero ir sola.
— ¿Pero por qué? Podríamos ir juntas, vivir la vida como tantas veces hemos hablado, hacer lo que queramos, las dos solas, como dos lobas, dos lobas viviendo a contracorriente ¿qué me dices?
— Dos lobas –repitió para sí misma saboreando las palabras— pero mírame… yo, a mí no suelen salirme bien las cosas –quiso ordenar sus pensamientos antes de continuar hablando— tú aquí estudias, no sé, tienes un futuro. Los fines de semana vas a casa, ves a tu familia, te mandan pasta y estás de puta madre, la verdad. Sólo te queda un año para ser mayor de edad y salir de aquí… Créeme, si yo tuviera todo eso lo aprovecharía y no lo echaría todo a perder por una loca inconformista.
— Perdona –la corrigió— eres mi loca inconformista.
Las dos adolescentes se quedaron mirándose en silencio sin saber muy bien qué decir.
— ¿Seguro que no quieres que vaya contigo?
— No —dijo Ruth— además, alguien tiene que cubrir mi huida —le guiñó un ojo.
— Está bien —resopló— pero no sé por qué siempre me toca a mí la parte más aburrida del plan.
— Te voy a echar de menos, Dani —se precipitó a decir Ruth.
Daniela le respondió con un abrazo.
— ¿Dónde irás? —preguntó Daniela con la voz acolchada por el hombro de Ruth.
— Barcelona —sonrió como si ya estuviera allí— me gusta Barcelona.
Daniela rio y se limpió las lágrimas torpemente con las palmas de sus manos.
— Pues vete ya antes de que me hagas llorar de verdad –dijo volviéndose a limpiar las lágrimas con la manga de su chaleco— que Barcelona está muy lejos.
Ruth sonrió y se puso en pie.
— ¿Volveremos a vernos? –preguntó antes de que Ruth se decidiera a abrir la ventana.
— Te lo prometo —aseveró.
Las adolescentes cruzaron sus dedos meñiques cuando se vieron sorprendidas por la ruidosa alarma de incendios retumbando en los pasillos y a través de los altavoces del patio.
— ¿Qué es eso? —preguntó Daniela.
Ruth se sobrecogió y se precipitó a volver a abrir la ventana de la habitación.
— Joder se me había olvidado —respondió mirando a través de la ventana hacia el suelo.
Dos pisos la separaban del patio y desde ahí una carrera de cincuenta metros hasta la valla de los aparcamientos del profesorado. Una vez allí tan solo tendría que burlar al guardia de la garita que habría acudido al edificio a comprobar las alarmas y entonces sería libre.
— ¿Qué? —Dijo tomándola del hombro— ¿Qué se te ha olvidado?
Ruth se giró hacia ella sacándose del bolsillo de su pantalón un pasamontañas.
— Es el cebo, puse a calentar en el microondas de la cocina un paquete de palomitas.
— Definitivamente estás loca.
Ruth sonrió orgullosa y se colocó el pasamontañas.
— Para cuando hagan el recuento espero estar ya lejos de aquí.
Ruth volvió a girarse hacia la ventana y se sentó en el poyete con las piernas colgando por la cornisa. Antes de decidirse a bajar se enfundó las manos en unos guantes de cuero, la última vez que intentó escaparse se había arañado las manos al trepar por las enredaderas de la fachada.
— Ruth —insistió Daniela una vez más antes de que su amiga comenzara a descender.
Ruth la miró una última vez.
— Suerte.
Ruth sonrió bajo el pasamontañas y le guiñó un ojo. Comenzó a descender con cuidado los dos pisos de enredaderas y tuberías. Un murmullo creció entre el rugido intempestivo de las alarmas y las luces del resto de los cuartos comenzaron a encenderse.
Ya había casi terminado de bajar cuando la puerta principal del pabellón de los profesores se abrió de golpe y estos comenzaron a salir corriendo hacia el patio.
No tenía tiempo, debía salir de allí antes de que evacuaran a todas las internas al patio y encendieran los focos. Miró al suelo. Dos metros. Saltó y rodó por el suelo, el césped amortiguó su caída. Antes de decidirse a correr hacia el muro que separaba el patio de los aparcamientos miró de nuevo hacia su habitación. Daniela seguía allí atenta a ella. Ruth le alzó la mano y levantó el pulgar. Luego echó a correr sin mirar atrás.
Llegó al muro que la separaba de la libertad y comenzó a trepar. Los salientes de los ladrillos la ayudaron y justo cuando llegó a la cima los focos del patio se encendieron como flashes cegadores y las puertas de emergencia del edificio se abrieron. Miró hacia ellas y vio a todas las demás niñas salir apresuradas de los pabellones envueltas en sus batas. En la ventana de su habitación seguía Daniela observándola desde la lejanía. Saltó a los aparcamientos. La puerta de la garita se encontraba abierta y el guardia no estaba. Entró en ella y pulsó el interruptor para que la puerta metálica de los aparcamientos se abriera. A la derecha del escritorio observó los monitores de las cámaras. En uno vio el patio abarrotado de gente y en el otro un vacío infrarrojo que grababa cómo la puerta de los aparcamientos se abría lentamente. Salió de la garita y al pasar por la puerta miró a la cámara fijamente. Sonrió, aunque el pasamontañas le tapara la cara, y le hizo un corte de manga. Luego echó a correr por la carretera contando las farolas que pasaba. Primera farola, la puerta de los aparcamientos se cierra.
Segunda farola, la alarma aún sigue sonando.
Tercera farola, sus pasos suenan fortuitos contra la gravilla de la carretera.
Cuarta farola, la alarma deja de sonar a sus espaldas.
Quinta farola, a lo lejos, bajo la décima, distingue entre la oscuridad al chico que la sacaría de allí sentado sobre su moto.
Sexta, aunque cansada, no tiene intención de parar.
Séptima, el chico la ve.
Octava.
Novena.
Llegó exhausta a la farola número diez. Frenó en seco y se apoyó en sus rodillas intentando recobrar el aliento.
— Ya pensaba que no vendrías —dijo el chico sentando sobre su moto dándole una última calada a su cigarro antes de tirarlo al suelo. Aun exánime por aquella descabellada carrera, Ruth se acercó al chico, se remangó el pasamontañas hasta quitárselo y sin decirle nada le comió la boca. Se la mordió, saboreó la libertad en sus labios.
— Vámonos lejos —rogó ella volviéndole a besar.
El chico le prestó un casco y él se puso el que colgaba de su codo. Ruth se sentó a horcajadas en la parte trasera de la Honda Shadow y, cuando el motor rugió con la fuerza de sus 500 c/c, Ruth sintió por primera vez que su vida le pertenecía a ella y a nadie más.
Se abrazó al chico con todas sus fuerzas y le dijo en voz alta.
— ¿Sabes? Ya sé que tatuaje me vas a hacer cuando lleguemos a Barcelona.
El chico se volvió hacia ella para poder escucharla mejor.
— ¿Ya te has decidido?
— Sí –sus ojos sonrieron bajo el casco— Una loba.

La criba

La criba.

 
Podría escribirte cualquier cosa,
un soneto, una delicada prosa
poética que narrara cuán hermosa
eres o, por qué no, cuán caprichosa,
Que eres un rato, porque no contenta
conmigo, te tiraste a tu vecino.
Y yo, que más que tonto soy cretino,
me tragué mi orgullo con absenta.
Pero hoy me levanté y dije ¿por qué?
y no encontré respuesta, no la encontré.
Y te miré, hermosa aún dormida,
Y, aunque te pudiera haber escrito
cualquier cosa, lo que aquí te he escrito
cariño, sólo es mi despedida.

Juan Manuel Carmona

 

***

Aquí os dejo un soneto para esta tarde de Lunes. Lunes de resaca, que no todas las resacas son de alcohol.
Y como os vengo acostumbrando, os adjunto una canción, esta vez de El Arrebato, disfrutadla y Feliz Lunes!

 

 

Levántate y brilla

Levántate y brilla

Son las seis de la mañana. Tu mano no llega a alcanzar el móvil para parar la alarma antes de que las voces de tu cabeza te digan que es muy temprano, que hace frío y que fuera está muy oscuro como para salir de la cama. Tus músculos rebeldes fingen no escuchar a tu cerebro y una legión de voces te incitan a pulsar el maldito botón de “posponer alarma” para volver a sueñolandia. Pero tú no pediste su opinión. Tú decidiste escuchar la voz del desafío. La voz que hizo que pusieras esa alarma a las seis de la mañana. Así que levántate y no mires atrás porque hay mucho trabajo que hacer.

Cada día es un conflicto entre el camino fácil y el camino correcto. Cada día se abren, como el delta de un río, diez mil caminos que te prometen un camino más fácil. Pero tú decidiste ir río arriba. Y cuando eliges esa opción, cuando decides rechazar el camino fácil, el camino seguro, lo que todos llaman “sentido común”, ése es el día uno. A partir de ahí todo se complica, así que asegúrate de que es lo que quieres porque el camino fácil estará siempre ahí esperando a que lo cojas. Tentándote.
Pero no lo harás. Con cada paso tomas la decisión de dar otro más, y luego otro, y otro. Este es tu camino y no es momento de pensar en lo que ya llevas conseguido. Sabes que estás luchando contra un enemigo que no puedes ver pero que siempre te pisa los talones, sientes su aliento en tu nuca. ¿Sabes qué es? Eres tú, son tus miedos, tu inseguridad, todos alineados como un pelotón de fusilamiento preparado para dispararte. Pero tranquilo, no es fácil derrotarlos pero están muy lejos de ser invencibles. Es la gran batalla entre tu cuerpo y tu mente y ése diablo en tu hombro que te dice que “es una pérdida de tiempo, que es sólo un juego” Ahoga la voz de la incertidumbre con tus latidos. Quema las dudas de ti mismo con el fuego de tu interior. Recuerda por qué estás luchando y no lo olvides. Porque el miedo es como una amante cruel capaz de convertirlo todo en cenizas al más mínimo error. Está siempre buscando el punto débil de tu armadura.
Eres un león entre leones así que prepárate para la batalla en territorio hostil porque todos queréis dar caza a la misma presa. Porque la suerte es el último deseo para los que aún creen que la victoria se puede conseguir por accidente. El sudor es para los que saben que es una elección.
Ahora decide, porque el destino no espera a nadie. Y cuando el momento haya llegado y te digan que no estás preparado escucha esa voz interior que te susurra “Estás preparado, ahora depende de ti”

Entonces sólo pasa una cosa… llega el invierno.

Y pese a todas las promesas que se habían hecho en aquella plataforma flotante de la playa, los dos sabían que ésa era la última vez que volverían a verse.
Ella intentó memorizar su rostro por última vez. Sus ojos marrones rotos por la despedida, aquella barba despuntada, un poco más larga quizás que cuando la besó por vez primera. Forzó una sonrisa y lo besó, ésta vez en la mejilla. Él intentó retenerla en sus brazos pero los dedos de ella acabaron por escaparse de entre los suyos.
Sus padres ya la esperaban en el coche. Comenzó a andar hacia ellos y paso tras paso se juraba a sí misma que no se giraría para verlo por última vez. Y así lo hizo.
Se montó en el asiento de atrás, cerró la puerta y se abrazó a sus rodillas volviéndose a encontrar con aquella maldita pulsera de conchas blancas que tímidamente se anudaba a su muñeca. Y entonces ocurrió. Volvió a recordar el sabor del mar en los labios de Ismael, su pelo enharinado, las clases de surf improvisadas en la orilla. Sus ojos. Cayó en que nunca le había confesado que le encantaba escuchar su nombre con aquel acento sureño suyo. Lusía, así, con ese.  Y entonces volvió a escucharlo. Se giró sobre su asiento y lo descubrió corriendo descalzo tras el coche. Su corazón se aceleró, se quitó el cinturón y cientos de miles de mariposas intentaron sacarla volando de allí. Pero todas acabaron aplastadas contra el maldito cristal del coche.

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Desayuno

Ya es un poco tarde para el desayuno, pero si es así, puedes desayunarme cuando quieras.

El desayuno

Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».

LUIS ALBERTO DE CUENCA

Tartán

Tartán

Sin querer ser osado o indecente
Preguntaré si usted me lo consiente,
¿Si el color de sus bragas acertara
conseguiría al fin que me besara?

Me complace el trato, su merced,
más si acierta el color de mis braguitas,
—díjome la doncella— mis braguitas
regalaré con gusto a su merced.

Púsome la princesa colorado
y riéndose me miró la cría
con ojos de traviesa rebeldía.

Diré, puesto a ser desvergonzado,
—dije con aires propios de Don Juan—
Que nada aguarda bajo su tartán.

 

Juan Manuel Carmona

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No lo entiendo

Yo quisiera saber qué nos ha pasado para que la palabra estabilidad nos de repelús. Qué nos han hecho las bodas para que les tengamos miedo. Por qué está mal visto decir te quiero. Qué tiene de malo emparanollarse con alguien ¿Qué nos está pasando? Ya no es que pongamos barreras, es que contruímos muros de hormigón armado infranqueables y ni martillos, ni excavadoras ni nada. Estamos tan convencidos de que nos van a hacer daño que ni tan si quiera nos atrevemos a asomarnos al portón de nuestra fortaleza, hacemos como los que no estamos en casa, como cuando vienen los mormones o el tío de la luz. Dejamos que pasen por delante, que se detengan en la fachada, que jueguen con los geranios que una vez colgamos y poco más. A algunos, dependiendo de no sé qué, los dejamos pasar al jardín o incluso al hall, fíjate lo que te digo, al hall. Pero de las habitaciones ni hablamos ¿y sabéis qué? Algunas hasta huelen a nuevo.

Es como si te regalasen tu muñeco favorito, no sé, la Barbie rockera con guitarra eléctrica (pilas no incluídas) por tu cumpleaños y la dejaras allí en la estantería de tu cuarto, con su embalaje y su todo por miedo jugar y romperla. ¿Habríais hecho eso de pequeños? ¡Claro que no! Porque eran otros tiempos, porque jugábamos, porque inventábamos mil historias y el mejor muñeco no era el que olía a nuevo, no, el mejor muñeco era ése que tenía rasguños, el que estaba gastado ya por tus manos ¿Sabes por qué? porque cada cicatriz suya te recordaba a una aventura. A cuando se te cayó en el patio, a cuando lo encontraste en la cama del perro o a cuando tu hermano lo usó como diana para su nueva pistola de bolitas. Cada herida suya te dolía como tuya. Y éso, éso era lo fantástico de tu juguete, lo que lo hacía único y diferente del resto de juguetes.

Porque tiene que ser muy triste llegar a viejo y seguir teniendo aquella Barbie embalada en la estantería y darte cuenta de que, de tanto que lo guardaste, se te pasó la edad para jugar.

 

Feliz noche de lunes, lectoreadictos.