No te supe perder, Salvador Navarro

 No te supe perder fue, si no la primera, una de las primeras novelas que me indicó el camino a seguir, de esas que me ayudo a decidir cómo quería hacer las cosas.

Sin querer hacer spoiler ni entrar demasiado en la trama, diré que Salvador Navarro supo engancharme desde el primer renglón que me aventuré a leer en la librería Mira de Rochelambert. Una librería, me voy a permitir el paréntesis, que empezó luchando por hacerse un hueco en el género LGTBI en la Sevilla más rancia y, como era de esperar, no tuvo la aceptación que se merecía. Actualmente, y por infortunio para todos los amantes de la literatura independiente, ya no comercializa novelas y se dedica a la compra venta de libros de segunda mano.

Volviendo a No te supe perder, es una historia que nos pilla de sopetón en el baño de un antro con un beso robado –por decirlo suave- y se despide con un final que, aunque era el final que la historia se merecía, nos deja con un sabor agridulce. Y es que, mi profesor de Teoría de la literatura, allá por primero de carrera, siempre nos decía que las historias deben guardar cierta esperanza para que el lector, si se siente identificado con la vida del protagonista, sepa que, por más sinsabores que te dé la vida, siempre hay luz al final del túnel. Un túnel que Salvador Navarro, por su parte, deja a oscuras y sin salida.

El autor aborda la violencia de género de un modo muy elegante,  alejándose –todo lo que una novela negra le permite- de la violencia. Y es que, por mucho que uno espere una escena morbosa digna de cualquier informativo, Salvador nos cuenta la cara B del maltrato, las consecuencias, los daños psicológicos, las dependencias emocionales, lo que no vemos y va más allá de un moratón.

Cada uno de los personajes que toma el timón de la novela nos desvela un vacío emocional que intentará llenar con el vacío emocional de otro y así, cada una de las historias se cruzara en una especie de telaraña de la que como lector, no vas a poder –ni querer- escapar hasta que termines las 424 páginas que la forman.

Lo que menos me gustó de la novela: Que terminara.

Lo que más me gustó: El tiempo. Cada vez que un personaje toma las riendas de la novela hay un salto temporal en el que se conocen las incógnitas que aparecieron con el anterior narrador. Con eso la historia gana mucho dinamismo, se hace ameno y Salvador encontró en esta fórmula la manera de contarnos y profundizar tanto en la trama como en relación entre personajes sin que se nos hiciera larga y aburrida, yendo al grano, como la novela negra que es.

Para terminar, decir que Salvador Navarro, además de buen escritor, nos deleita con su buen gusto por la gastronomía. A lo largo de la novela, los personajes nos guían por una auténtica ruta gastronómica por toda la capital andaluza y Cádiz.

En definitiva, Salvador Navarro, con esta primera novela que leí de él –aunque su trayectoria como escritor empezó mucho antes- no tardó en convertirse en uno de mis escritores fetiches y referentes a la hora de cómo quería narrar e hilar mis historias. Más tarde tuve la suerte de poder ir a la firma de su siguiente novela; Huyendo de mí, la cual reseñaré más adelante.

Espero que os guste y la disfrutéis tanto como la disfruté yo.

 

Os dejo sinopsis:

Novela negra de acción social, donde se enfrentan las verdades y mentiras de la violencia de género, las relaciones sanas y las interesadas, la perversión de la atracción física disfrazada de amor, la búsqueda de la amistad con mayúsculas, el deseo de emprender, la angustia de no saber cómo. Se trata de una historia coral de personajes trazados con delicadeza para hacer partícipe al lector, sin condicionarlo, de una atmósfera inquietante, donde se cruzan ansias de querer con enfermos incapaces de amar.

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