Las 2 de la mañana

Las dos de la mañana, ya empiezan de nuevo. Mi marido está durmiendo, no quiero respirar, no quiero hacer ni ruido.

Otra vez con el móvil, ¿quién te escribe?

El frío del suelo en la planta de mis pies me sobrecoge. Vuelvo a tapar a mi marido y cierro la puerta de la habitación. Un golpe al otro lado de la pared. Un escalofrío. Me cubro con mi bata.

El móvil estalla contra el suelo. ¡Tanto internet ni tanta calle!

El fluorescente de la cocina tiembla antes de encenderse. La pobre como grita hasta a mí me da miedo.

¿Esto es lo que me has hecho de comer después de que lleve todo el día trabajando?

La cafetera hace demasiado ruido al calentar el agua. Me precipito a pararla en cuanto el vaso se llena. No quiero despertarlo.

Ni vales para cocinar, ni vales para la cama.

Son cosas de pareja, no me puedo meter. Vierto el sobre de manzanilla en el agua caliente de la taza y observo como se destiñe. La respiración se me corta. Suena un golpe. A ella.

Tú te lo buscas, lo hago para que aprendas, a ti hay que educarte como a los animales.

Doy un sorbo. No me gusta la manzanilla. Saco el sobre de la infusión, lo escurro un poco y me lo coloco sobre el ojo. Duele, pero el agua tibia me consuela.

Les dices que te has caído, como se te escape algo te mato.

Escucho la puerta del dormitorio abrirse. Me tiembla el pulso. Sus pasos a lo largo del pasillo. Escondo el sobre, me termino la manzanilla de un sorbo.

Aquí yo soy el hombre y tú una  puta basura. Me vas a denunciar, sí, al Nazareno –se ríe.

Me descubre sentada en la mesa de la cocina. Se acerca. Un grito al otro lado de las paredes enmudece la casa. Un pellizco en el estómago. Le evito los ojos.

¡Qué te calles, que no protestes más te he dicho!, ¡No vas a salir  de la cocina hasta que a mí me dé la gana de que lo hagas!

Las tres de la mañana, ya está ya se han callado. Mi marido me ayuda a levantarme de la silla. Su mano agarra mis muñecas sobre las marcas moradas que dejaron sus dedos. Me acompaña al cuarto. Seguro que no es nada, mañana será otro día y todos tan contentos.

*El silencio nos hace cómplices.

(Para más intensidad os recomiendo que lo escuchéis con el audio y unos cascos)

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