El comerciante de emociones

Sinopsis: Una enfermedad cardiaca asola a la humanidad. Desde el momento del nacimiento, todas las personas tienen contadas las pulsaciones de sus maltrechos corazones. En la sociedad no se practica nada que produzca placer y, mucho menos, dolor. Nada que eleve el ritmo cardiaco de manera sobresaliente durante un tiempo prolongado. La felicidad plena se desestima, pues su disfrute equivale a invertir una gran cantidad de pulsaciones, pulsaciones que deben utilizarse para subsistir. Cardiopic, una empresa de productos farmacéuticos, comercia con una solución a la enfermedad.

“Los latidos del corazón están contados, la vida depende de invertirlos con sabiduría”.

Reseña:

Una novela a tener en cuenta cuya trama no te dejará indiferente.

Odio cuando las reseñas empiezan así, de verdad, está tan dicho ya, tan usado, que es como usar en una canción: “Tengo el corazón partido” Por favor, #stop #nomásopinionesiguales #séoriginal #sétú

Salvador Ortiz Serradilla fue un autor que conocí casi por azar en una presentación en San José de la Rinconada. Una presentación súper chula dónde publicó en primicia el [tráiler] de la novela con canción propia y que a mí personalmente me gusta mucho.

Tuve la oportunidad de compartir una cena con él, un chaval muy inusual que dedicó un año de su vida a ser voluntario en África, de donde volvería con una mentalidad totalmente distinta con la que partió. En aquella cena en el Patio San Eloy  me contó el proceso de creación y hasta entonces no había conocido a nadie que se preparara tanto el guion de una novela, pues, para que conozcáis un poco la complejidad de la novela, es, en toda ella, un homenaje a Gustavo Adolfo Bécquer. Y es que si buscáis su biografía, que yo tuve la suerte de estar estudiándola ese año, como si la vida hubiera hecho un pacto con la carrera y el azar, veréis que El comerciante de emociones tiene infinitas referencias a él.

La historia nos sitúa en una Sevilla del futuro (o quizás paralela) –me encantan las novelas desarrolladas en mi ciudad- donde los latidos de los corazones están contados. Salvador nos encierra en un mundo obligados a medir y a no malgastar ni un solo latido de nuestro corazón, controlados por un marca pasos que, pese a nuestros esfuerzos, nos va dictando una cuenta atrás a nuestra existencia.

En ese mundo donde las emociones se pagan con la muerte, donde el diazepan se paga a precio de oro y las calles las deambulan vivos-muertos, Serradilla nos presenta a Rayza y Sebastián con una historia de amor no resuelta por el miedo a sentir, por miedo a que el amor les suba las pulsaciones y mueran antes de tiempo.

Un paralelismo con “pasión o razón” que me tuvo enganchado toda la novela. Porque yo siempre he sido de pasión, de impulsos, de hacer y luego arrepentirme. Y siempre he admirado a la gente que usa la razón, la cabeza, que sopesa pros y contras. Si todos los golpes que me he dado en la vida fueran golpes físicos reales, yo ya no tendría dientes, lo juro. Y creedme cuando os digo que me hubiera encantado ahorrarme alguno que otro si hubiera sido capaz de usar la razón, pero no puedo, me quema las entrañas no guiarme por mis emociones. Y no, no hablo solo del amor, hablo de la vida.

Y ese carácter es el de Rayza, una chica que elige como profesión su pasión: emocionar y emocionarse, aunque eso le cueste la vida.

Y por el otro lado, tenemos a Sebastián, temeroso de morir, dispuesto a eternizar sus latidos sin vivir con la esperanza encontrar una salvación o un golpe de suerte.

Una novela cuya trama, siempre se lo dije a Salvador, yo le hubiera saca mucho más jugo. La historia da para trilogía, secuela y spin off. Sin embargo, Serradilla la condensa en no más de doscientas páginas, yendo al grano, sin preámbulos, sin apiadarse de los lectores que queremos (¡y exigimos!) conocer más de esa Sevilla muerta y de todas esas emociones encarceladas por miedo a morir.

Decir más está de más. Leedla, no os dejará indiferente (guiño, guiño)

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *