Capítulo 2: 68 Horas

 

Capítulo 2: 68H.

MARÍA

 

– Pues una firma aquí para terminar… eso es, genial. Espero que disfrutéis con Kyra, es preciosa y esa raza es muy cariñosa con los peques.

– ¡Yo ya no soy pequeño! –protesta el chico a quien todavía no le dejan coger en brazos a la cachorrita pero se asoma de puntillas a los brazos de su madre para poder verla.

– Claro que no, si tú eres ya muy grande, pero para cuando tengas un hermano o una hermanita.

María sonríe al pequeño y a la madre. Una sonrisa verdadera, de esas que salen de dentro. Y es que a María pocas cosas la hacían más feliz que poder cerrar una adopción.

– Cualquier cosa que necesitéis, llamadme a mí personalmente –dice dejándoles una tarjeta-, de todos modos, yo me pondré en contacto con vosotros dentro de unas semanas para ver cómo va todo.

– Perfecto –dice la madre adoptiva-, muchas gracias por todo, has sido muy amable. Os deseo mucha suerte con todos los animales que tenéis aquí.

– Gracias.

– ¿Os importa haceros una foto para subirla a las redes? –interviene José, cámara en mano, levantándose de la silla al otro lado del mostrador.

– Claro, ¿Dónde nos ponemos?

– Ahí mismo, que salga el nombre del refugio detrás. Genial. Sonreíd –la madre se deja abrazar por el marido y el pequeño se coloca justo al lado de la pequeña cachorra de retriever- Ya está. Es que también nos gusta subir fotos alegres de adopciones, no solo de abandonos.

– Normal, hacéis una gran labor. Muchas gracias por todo, estamos en contacto.

Los jóvenes se despiden de la familia. María, aun con una sonrisa iluminándole el rostro, archiva los papeles y toda la documentación y los guarda en el cajón de adopciones mensuales cerradas.

– Hoy ya llevamos tres –celebra cerrando el cajón.

José, que vuelve a su silla al otro lado del mostrador, no parece tan optimista.

– Tres adopciones frente a dos abandonos, una camada de seis gatitos rescatada y una entrega.

– ¿Una entrega?

– Un pastor alemán macho.

– ¿En serio?

– Sí –dice haciendo crujir su silla al echarse hacia atrás sobre el espaldero.

– Y en plan… ¿qué te han dicho?

– Que se mudan a la ciudad y no tienen sitio para él.

– Pues que se muden a una casa donde puedan tenerlo –la sonrisa se le borró antes de lo que a ella le hubiera gustado-, yo es que lo flipo con la gente, tío, de verdad. ¿Cuántos años tiene?

– Dos.

– ¿Le has hecho las fotos? Siendo de raza igual sale de aquí rápido…

– No me ha dado tiempo, corazón.

María hace ademán de coger la cámara pero José se lo impide cogiéndola antes que ella de encima del mostrador.

– María, llevas toda la semana aquí.

– Estoy de descanso en el trabajo.

– Pues descansa.

– ¿Y quién lleva esto para adelante si no?

– Estoy yo, está Marta, por la tarde viene el veterinario y mañana es día de voluntariado.

– ¿Y Marta dónde está?

– Ha ido al pueblo a por los dos galgos que han encontrado para que pueda verlos Sergio por la tarde, por lo visto están bastante mal –María se queda en silencio-, ¿Qué pasa?

– Que estamos llenos, José.

– Bueno, hoy han salido tres, ¿no?

– Sí, y no paran de entrar…

José no la deja acabar. La coge de las manos y besa cada una de ellas. La sonrisa de María quiere volver a aparecer entre sus labios pero no termina de conseguirlo.

– No me hagas caso –susurra José acercándose un poco más a ella-, queda toda la tarde y mañana vienen muchas familias con los voluntarios, seguro que conseguimos descargarnos un poco. Eh, mírame, tú siempre has sido la optimista del refugio, no te vayas a volver igual de rancia que yo –María vuelve a sonreír al fin-. Te va a venir bien desconectar, ¿vale? –María asiente- ¿te veo luego en casa?

– Vale, pero hacemos una cosa.

– A ver… -pone los ojos en blanco.

– Voy a casa, desconecto un rato viendo alguna serie y luego te ayudo a cerrar.

José sonríe, sabe que no la hará cambiar de opinión, era la más optimista de los dos pero también la más cabezona.

– Dos más como tú aquí y…

– Y acabarías volviéndote loco –termina divertida María por él.

 

 

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1 Comment

  1. Me gusta cómo buscas mostrar también la labor que hacen los trabajadores de los refugios. Deberían de ser todos animalistas, como María, y optimistas. Es la mejor manera de afrontar la realidad para encontrarles familias a los animales.
    ¡Buen trabajo con las descripciones, estás consiguiendo que me meta en la piel de todos y cada uno de los personajes!

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